Portada Brigadas Blog Brigada Paraguay La soja que engorda el Norte, mata en el Sur
La soja que engorda el Norte, mata en el Sur PDF Imprimir E-mail
28/09/2008

Durante nuestra visita a diferentes asentamientos campesinos y en las reuniones que hemos mantenido allá hemos podido constatar los perversos efectos de la imposición del modelo agrícola del monocultivo, especialmente el monocultivo de soja. Al igual que ocurre en extensas áreas de Argentina y Brasil, el aspecto del campo en Paraguay está siendo transformado brutalmente en pocos años. Los bosques originarios son talados y frente a la agricultura tradicional se impone día a día el monocultivo de la soja, y el modelo de agricultura sin agricultores.

Paraguay es hoy en día uno de los cuatro países principales exportadores de soja (junto a EEUU, Brasil y Argentina). El monocultivo de soja en Paraguay ha avanzado sin parar a lo largo de los últimos años. En 2003 se plantaron 1,5 millones de hectáreas de soja, en 2007 la soja cubría ya 2,5 millones de hectáreas y las previsiones son de aumentar las áreas de plantación de soja hasta los 3,5 millones de hectáreas en 2008. En la última zafra del 2007-2008, la soja ocupó más del 60% del área agrícola total del país.

 

En rojo aparece la distribución del cultivo de soja en Paraguay, campaña 2007-2008.

 

La introducción del monocultivo de soja viene acompañada de graves violaciones de los derechos humanos y está desplazando al campesinado de pequeña escala de sus tierras, no solo en Paraguay, la crueldad de este fenómeno también se extiende en Argentina, Brasil y Bolivia. En Paraguay, el 2% de la población posee alrededor del 75% de la tierra, como herencia del pasado colonial de la dictadura de Stroessner. Además de amigos y secuaces del dictador Stroessner que consiguieron la concesión de grandes extensiones de tierra durante la dictadura por su connivencia con el régimen, desde la caída de la dictadura hasta hoy latifundistas principalmente de Brasil siguen apropiándose de tierras paraguayas para destinarlas al monocultivo de soja. Los campesinos son expulsados por varios métodos, como el alquiler o compra de propiedades, o se ven obligados a abandonarlas a causa de las fumigaciones masivas con agroquímicos, y en muchos casos sufren el acoso de grupos armados en forma de verdadero ejército expulsor.

 

Por otro lado, las duras condiciones de subsistencia de los pequeños productores y el nulo apoyo del gobierno del país hacia la agricultura familiar hace que en muchos casos vean como única salida la venta de tierras a los latifundistas extranjeros, desplazando al campesinado a los arrabales urbanos donde las familias desarraigadas, fuera del entorno de solidaridad entre familias que se da en el campo, una vez que el dinero de la venta de tierras se esfuma, sufren la condena de vivir de la mendicidad o establecerse en los grandes vertederos esperando a la descarga de los camiones de la basura. Por otro lado, la falta de alternativas hace que otra fuente de ingresos para muchas familias sea la producción de carbón vegetal a partir de la tala de bosques, facilitando la creación de áreas de tierra despejadas, auténticas pistas de aterrizaje para el cultivo de soja.

 

 

Como pudimos comprobar, las comunidades campesinas que se resisten al modelo del monocultivo y apuestan por una producción de pequeña escala, diversificada, sin agrotóxicos y la utilización de semillas locales, sufren el continuo hostigamiento de los grandes productores sojeros: intimidaciones, enjuiciamientos, fumigaciones masivas de las comunidades, desalojos violentos (acompañados frecuentemente de la quema de casas y destrucción de cultivos), agresiones armadas al más puro estilo paramilitar, etc.

 

La práctica totalidad de la soja cultivada en Paraguay es transgénica, resistente al herbicida glifosato que elimina el resto de vegetales no resistentes. Las semillas modificadas genéticamente son producidas por la multinacional Monsanto, que se asegura grandes beneficios al haber patentado las semillas y su cultivo pasa necesariamente por la compra año tras año a la multinacional de las semillas, así como del pesticida que se aplica sobre el cultivo. El cultivo de soja transgénica conlleva además de la desaparición de las variedades y cultivos locales, la eliminación de extensas áreas forestales (tan solo en Brasil se talan 700.000 hectáreas de bosque cada año para el desarrollo de cultivos de soja), así como el empleo indiscriminado de pesticidas (además del glifosato se emplean otros pesticidas prohibidos en Europa por su alta toxicidad como el paraquat) que además de contaminar la tierra, y el agua (de acuíferos, arroyos, y agua de bebida de las comunidades campesinas), matan animales, exterminan los cultivos locales y como pudimos comprobar provocan graves enfermedades y la muerte de quienes pueblan las comunidades campesinas limítrofes con los sojales.

 

Un ejemplo de esta cruda realidad es el caso del niño de 11 años Silvino Talavera que en 2003 fue rociado con una mezcla de pesticidas con la que los productores alemanes estaban realizando tareas de fumigación en un cultivo de soja, a escasos 15 metros de la casa de la familia Talavera. Silvino murió por intoxicación aguda, y su familia también resultó gravemente afectada tras el consumo de la comida que portaba el niño en el momento de la fumigación. Después de numerosos obstáculos, intimidaciones y hasta amenazas de muerte de parte de gente vinculada a los poderosos sojeros imputados por “fumigar” a Silvino, la sentencia dictada condenó a los responsables del asesinato a 2 años de prisión.

 

La soja que se produce en Paraguay es extraída del país en forma bruta y se procesa en el extranjero, además, la exención de impuestos para su exportación sigue incentivando los beneficios económicos de los grandes sojeros. Una vez procesada, la soja se utiliza mayoritariamente como alimento de animales para la producción de carne para Europa y China. Recientemente también los agrocombustibles han incrementado la demanda de soja y otros cultivos.

 

Mientras el producto de los monocultivos de los países del Sur sigue engordando a los animales del Norte y se utiliza en la producción el llamado biocombustible que cuenta con una falsa imagen de sostenibilidad medioambiental, asesina y condena a la miseria a los países del Sur.

 
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Una delegación de KI viajó a Paraguay en Septiembre de 2008 con el objeto de conocer el panorama político y social que se vislumbraba tras el triunfo electoral de la Alianza Patriótica para el Cambio que puso fin a 61 años de gobierno del Partido Colorado.

Durante el viaje se mantuvieron contactos con diferentes movimientos sociales y políticos. Además, con el objeto de conocer de cerca la lucha por la tierra y la soberanía alimentaria (uno de los ejes principales de la necesaria transformación política y social del país), se visitaron diferentes asentamientos campesinos.

Imágenes Blog Paraguay