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30/05/2011

[Gara] Cingalés de nacimiento pero tamil de corazón, Jude Lal Fernando defiende los derechos del pueblo tamil y denuncia la actitud de la comunidad internacional durante la fase final de la ofensiva militar contra el movimiento de resistencia tamil, que dejó cerca de 20.000 muertos y decenas de miles de desplazados. De la mano de Komite Internazionalistak, pasó por Euskal Herria para poner voz al manto de silencio instalado sobre el pueblo tamil.

Tras la ofensiva militar contra el movimiento de resistencia tamil, cientos de miles de civiles fueron recluidos en campos de concentración. ¿En qué situación se encuentran ahora?
Han soltado a la gente, pero es una manera diferente de retención. Al principio estaban detrás de alambre de espino, sin que nadie pudiera acceder a ellos, ahora pueden ir a sus pueblos pero allí no tienen casas y están terriblemente militarizados. Se necesita permiso del estamento militar para entrar y salir. Hay constantes detenciones y violaciones por parte de los militares y a los hombres se les obliga a hacer trabajos forzados. No hay posibilidad de supervivencia.

¿En qué quedaron las denuncias internacionales de crímenes de guerra y la utilización de fósforo blanco?
La ONU cogió un panel de tres miembros para asesorar al secretario general sobre las violaciones de derechos humanos en Sri Lanka. No fue una investigación oficial, sólo un asesoramiento. Este consejo asesor dijo que hubo crímenes de guerra y violaciones de derechos humanos por ambas partes y que había que hacer una investigación. No habla de una solución política, del proceso de paz, de cómo los poderes internacionales fueron responsables de todo. Pero es cierto que la trascendencia de algunas cosas ha estimulado a la gente. Además, lo que dice Naciones Unidas no es nada nuevo, sabían lo que estaba sucediendo, tenían evidencias tomadas por satélite, pero lo ocultaron.

La diáspora tamil ha emprendido acciones judiciales en instancias internacionales contra responsables de crímenes de guerra cingaleses.
Se han iniciado procesos contra el presidente de Sri Lanka, su hermano, que es el secretario (ministro) de Defensa, y los comandantes militares. En Europa y EEUU hay casos en marcha.

La ONU abandonó a la población tamil, pero tras la ofensiva militar la presentó como víctima.
Lo que quieren los poderes son víctimas indefensas, que dependan de ellos para decidir sus destinos. Ésa es también la razón por la que había que destruir el movimiento tamil, porque no dependía de ningún poder. Entre la población tamil en Sri Lanka, y a pesar de la fuerte represión, los movimientos popula- res están fortaleciéndose.

¿Cuál es la situación después de la ofensiva militar? ¿Existe resistencia en Tamil Eelam?
La situación es represiva en extremo, pero no van a poder reprimirla totalmente. Hay miedo a hablar y el Gobierno tiene mucho miedo al pueblo tamil, a su reorganización, que no creo que vaya a ser necesariamente con armas sino a través del movimiento popular. Es el mayor reto. Hay madres de desaparecidos que salen a las calles, pescadores que protestan, estudiantes religiosos que se oponen al sistema.

¿Aquella ofensiva supuso realmente el final de la guerra?
Militarmente, sí. Política y socialmente, no.

¿Cuál es la relación entre la comunidad cingalesa y la comunidad tamil? Usted es cingalés y defiende la causa tamil.
El proceso de paz de 2002 construyó una relación sin dominación, que fue su característica más positiva. Ahora, hay una relación de subyugación. Ésa es una parte de la historia; la otra es que los cingaleses apoyaron al Estado para destruir la resistencia tamil y, para ello, apoyaron la militarización del Estado hasta sus últimas consecuencias. ¿Cuál es el resultado? Dentro de la población cingalesa cualquier disidencia democrática es aplastada por el Gobierno. No se puede criticar al Gobierno, ni hacer huelgas, ni escribir... La población cingalesa que apoyaba al Gobierno para encarcelar a los tamiles ha encarcelado a su propia sociedad. Muchos militantes de derechos humanos y periodistas cingaleses han sido asesinados por el Gobierno y muchos han huido del país.

Mantiene que la comunidad internacional, liderada por EEUU y Gran Bretaña, no sólo abandonó a los tamiles, sino que hizo lo posible por acabar con el proceso de paz. ¿Por qué ese interés en que fracasara?
Por un lado, para fortalecer al Gobierno y tener un aliado en el Asia meridional de cara a desarrollar su hoja de ruta imperialista y, por otro, para controlar el puerto de Trinkomali, que es muy importante por su localización estratégica. En tercer lugar, hay una guerra comercial entre EEUU y China y el mar de la India es muy importante. Incluso hay una guerra fría entre China e India y esos conflictos son muy importantes no sólo para EEUU y para Gran Bretaña, también para India y China, que quieren un Estado fuerte en Sri Lanka.

Aquel acuerdo era una demostración de lo que el poder del pueblo puede hacer, incluso en un país pequeño como Sri Lanka, y eso significa esperanza.
En el mapa geopolítico, Sri Lanka no es tan pequeño, es muy importante. Estadounidenses y británicos empezaron a apoyar a Colombo, para tener aliados tras extender su poder en Oriente Medio, el Caspio y el sur de Asia. Diego García es una isla en medio de la nada, demasiado pequeña para que puedan aumentar su fuerza militar en toda Asia. Necesitan más bases y Sri Lanka es una base potencial.

El proyecto que los tamiles pusieron en marcha era un desafío para el orden mundial y los poderes establecidos.
No se trata sólo de un conflicto étnico, sino que el proyecto de Tamil Eelam es un proyecto anticapitalista, frente a la imagen socialista del Gobierno de Sri Lanka y muy diferente de su agenda neoliberal. Es cierto que el movimiento nacionalista tamil no ondeaba la bandera roja, después de ver lo que pasaba con los partidos socialistas que sí la ondeaban; era un movimiento de resistencia nacional que garantizaba los derechos de las mujeres; un proyecto en el que las multinacionales no tenían cabida -ahora sí- y que tenía un política medioambiental de protección de los bosques, las playas, los montes... Se puede considerar que era un nuevo tipo de organización socialista.

¿Cuál es ahora la actitud de la comunidad internacional?
Está cambiando. Ha salido un informe de la ONU que constata la violación de derechos humanos y la existencia de crímenes contra la humanidad y pide una investigación. Veremos qué pasa, pero hay que tener cuidado. Los movimientos progresistas no deberían depender de los gobiernos, tienen que reconocer las luchas de los pueblos y dejar que éstos decidan su futuro.

 
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